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Relato En España

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Andersen, además de escritor fue un viajero incansable: se sabe que se pasó aproximadamente diez años de su vida viajando. El autor visitó Alemania, Gran Bretaña, Suiza, Turquía y España entre muchos otros países, buscando inspiración para sus cuentos. Viajaba siempre ligero de equipaje, solo con una maleta atada con una cuerda, por si en algún momento necesitaba escapar de alguna emergencia. Lo que muy pocas personas saben es que en el año 1862 viajó a España, permaneciendo en Madrid una buena temporada. Llegó a Madrid sin saber hablar español ni conocer a nadie, y acabó de casualidad en una humilde pensión en el centro de Madrid. Esta céntrica pensión se encontraba muy cerca del Real Colegio de Sordomudos, y la primera vez que Andersen pasó por delante y pudo ver a los estudiantes hablando con las manos se quedó muy sorprendido. Tanto que decidió entrar a interesarse por tan extraño lugar. No logró entender mucho de lo que le explicaron, pero le llamó tanto la atención que decidió ir...

Microrrelato Incomunicado

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Me encanta ir mirando a los viajeros de camino a la facultad. La mayoría va mirando el móvil, alguno leyendo un libro o el periódico. Cada uno en su microcosmos. De pronto se apagan las luces y el vagón para en un túnel. Instintivamente todos sacamos el móvil y encendemos la linterna. Veo caras nerviosas, hablan entre ellos. Intento mandar un mensaje avisando que hay avería en el metro, pero no se envía. Me extraña, pero ya saldrá. La gente se inquieta, tratan de abrir las ventanas, van de acá para allá. Encuentro una persona más tranquila, le explico que soy sordo, para que me hable más despacio, pero apenas puedo verle los labios, lo justo para comprender que no hay luz. Aparece un hombre con chaleco amarillo. Habla. Todos le prestamos atención, pero la gente se mueve y es imposible leerle los labios. Abre las puertas, todos bajan y andan por las vías. Me empujan. El silencio no me incomoda, estoy acostumbrado, pero la oscuridad me angustia. Necesito ver para entender. ...

Relato Mi Maestra*

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Mi último recuerdo antes del viaje fue una visita que hicimos al párroco. Había ido varias veces con mi madre a la iglesia, pero en esta última don José nos dio una carta y mi madre rompió a llorar de emoción mientras le abrazaba agradecida. Yo no entendía nada, pero aquel abrazo y las lágrimas significaban que algo importante estaba pasando. Después de eso volvimos a casa. Mi madre, entre lágrimas y besos, preparó una maleta con un par de vestidos, varias mudas, mi camisón, una foto familiar y el rosario. Al día siguiente nos montamos en un coche de línea. Al subir, muchos vecinos nos despedían desde la calle mientras nos sentábamos nerviosas. Yo no sabía ni a dónde íbamos, ni porqué, pero no se me escapaba el hecho de que en la maleta solo hubiera ropa mía y mi madre no dejara de besarme y acariciarme entre lágrimas. Me sentía nerviosa, me sudaban las manos y no soltaba ni un momento la falda de mi madre, por si acaso. Un vez salimos del pueblo pasó un poco la emoción y el viaje ...

Desde mi ventana. Concurso de relatos

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Me han pedido que cuente mi historia. Reconozco que me cuesta recordar mis inicios, y lo recuerdo todo en blanco y negro. Os parecerá mentira, pero llevo en el mismo lugar nada menos que 55 años. Muchos jovencitos y jovencitas han podido ver, gracias a mí, lo que sucedía a su alrededor, y comprender un poquito mejor el mundo. Pero vamos por partes. Nací en Holanda en la década de los 60, y llegué a España con el objetivo de trabajar en lo que sería un centro de referencia, pero   que en esa época aún se estaba construyendo, y tenía en vilo a todo un barrio… “¿Qué será lo que están construyendo?, ¿un hospital?” La barriada del Gran San Blas se preguntaba qué serían aquellas obras misteriosas, y ahí estaba yo, dentro de una caja, aguardando que me dejaran salir. En 1970, por fin, se inauguró mi casa, equipada con la última tecnología, y yo me encontraba ilusionado y dispuesto a comenzar a trabajar. Era capaz de proyectar nada menos que 16 imágenes por segundo. Algunos hermanos mí...