Como he expresado en algunas ocasiones, nuestro colegio atesora mucha historia de la educación de las personas sordas, de la institución, y también encierra muchas pequeñas historias de las distintas personas, profesores y estudiantes, que pasaron por el centro. De vez en cuando, revisando materiales o haciendo alguna mudanza, aparecen documentos antiguos: un libro, alguna foto, facturas, cartas... como el que revisa el desván de la casa de los abuelos o bisabuelos, y va encontrando retazos de su historia. Tenemos la idea en mente de revisar y catalogar todo este material que hay por el centro, y que encierran historias esperando ser encontradas y contadas.
Hoy me gustaría compartir algunos documentos y lo que he podido indagar sobre sus dos protagonistas. El primer documento fue una carta que encontré de una maestra solicitando que le reconocieran la antigüedad en las mismas condiciones en las que se la habían reconocido a otro profesor y la respuesta que recibió.

Esta maestra se llamaba María Luisa Navarro Margati (conocida como María Luisa Navarro de Luzuriaga, después de casada). Nació en 1885 en Francia, donde su padre republicano se había
exiliado. La familia regresó a España en 1896, y María Luisa comenzó a estudiar en la Escuela Normal Central de Madrid en 1905 y se graduó en la Normal de Guadalajara
en julio de 1908. Después continuó su formación en la Escuela Superior de Magisterio
de Madrid (1909-1912), donde tuvo como profesores a algunos de los
intelectuales más importante de la época, como Ortega y Gasset; y como
compañeros y compañeras a algunos de los que llegaron a ser importantes
personalidades culturales del momento, como María de Maeztu, y Lorenzo
Luzuriaga. Con este último se casó en 1913, y juntos fundaron las revistas Boletín Escolar (1917-1922) y la Revista de
Pedagogía (1922-1936).
Al finalizar sus estudios en 1912, María Luisa accedió por oposición al Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos de Madrid (así se denominaba en aquel momento, aunque yo me referiré en adelante al Colegio Nacional de forma genérica) como
profesora auxiliar para la enseñanza de niñas y Labores. En 1914 se fue junto a su marido a Alemania para completar sus estudios de Pedagogía, pensionados por la Junta para Ampliación de Estudios, en adelante JAE (institución creada en 1907, en el marco de la
Institución Libre de Enseñanza, para promover la investigación y la educación
científica en España. Presidida por Santiago Ramón y Cajal desde su fundación
hasta su muerte en 1934, fue desmantelada en 1939 y, a partir de su estructura,
se creó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas -CSIC-), en este viaje pudo asistir al Institut für experimentelle Psychologie en Leipzig y especializarse en psicología y el tratamiento educativo del alumnado con discapacidad intelectual o sensoriales. A lo largo del primer tercio de siglo, María Luisa volvió a solicitar becas a la JAE en tres ocasiones más, y en 1926 María Luisa volvió a disfrutar de una nueva pensión para visitar Francia y Bélgica con el objetivo de lograr mayor especialización profesional. En este última ocasión viajó junto a sus tres hijos que la acompañaron al Instituto Nacional de Sordomudos de París y a la École de l'Ermitage. Asimismo aprovechó la estancia para asistir al Curso de Psicología del Niño del doctor Decroly en la Universidad de Bruselas y la reunión internacional de profesores de sordomudos convocada por el profesor Herlin y Decroly.

(Imagen de Mª Luisa, extraída de la web maestrasrepublicanas.blogspot.com)
Al regreso de su estancia en Alemania por el inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914, María Luisa continuó trabajando en el Colegio Nacional de
Sordomudos y Ciegos de Madrid, donde desempeñó varios puestos hasta que solicitó la
excedencia voluntaria en enero de 1936. Es decir, desarrolló su carrera profesional en el centro durante 24 años, en los que fue Jefa de Estudios (1917-1918), además de formar parte de la plantilla docente de la
Escuela Normal de Sordomudos desde 1919, encargándose de las cátedras de
Fonética Especial (1919, 1924-1931), Ortofonía (Ortoepía, como se llamaba entonces, entre1920-1924), Psicología del
Lenguaje (1925-1932), Psicología general (1930), y las Prácticas de Enseñanza
(1935) y publicó varios artículos en revistas como El Sol o La Gaceta Literaria, así como libros, por ejemplo: La enseñanza de la
pronunciación a los sordomudos y Programa de fonética y psicología del lenguaje.
(Imagen del Colegio Nacional de Sordos, en el Paseo de la Castellana, a inicios del siglo XX)
Además de su especialización en la enseñanza a los sordos y la Escuela Nueva, María Luisa participó en campañas pro sufragio femenino; fue miembro del
Lyceum Club (1928), de la Liga Española de Educación Nueva (1930) y de la Liga
Femenina Española por la Paz (1930); cofundó y presidió la Agrupación
Femenina Republicana (1931); y estuvo en las Misiones Pedagógicas en el período 1931-1934 (en 1932 se decretó el traslado del Colegio Nacional, pero hasta 1934 no se encuentra una sede, y durante esta etapa los profesores del centro ocuparon otros puestos, en el caso de María Luisa parece que este tiempo sin docencia del Colegio Nacional se dedicó a las Misiones Pedagógicas, trabajando en San Martín de Valdeiglesias y el norte de Toledo) y el Consejo Superior
de Protección de Menores (1936), ocupándose de niñas huérfanas abandonadas en centros religiosos.
Este posicionamiento, junto con el de su marido, hicieron que durante la Guerra Civil tuvieran que exiliarse primero en Gran Bretaña, y posteriormente en Argentina. Durante su exilio continuó trabajando activamente para ayudar a los españoles (por ejemplo en la evacuación de niños españoles), y, en su etapa argentina, su marido y ella, volvieron a fundar una revista, dieron clases en la universidad y fue presidenta desde 1945 de la Comisión de Ayuda al Español Demócrata (CAEDE), con la que recaudaron fondos, material sanitario y alimentos para enviar a republicanos españoles refugiados en el sur de Francia hasta su fallecimiento en 1948. Durante su etapa en el exilio también continuó su labor como traductora de obras de psicología y pedagogía, traduciendo a autores como Decroly, Piaget, Montessori, Claparède...
El otro documento del que me gustaría hablar es una fotografía y una carta que encontramos en el centro. Esta carta narra cómo en el marco de un viaje al Congreso de Educación Nueva en Helsingor (Dinamarca) en 1929, un maestro (y director del colegio) al trasladarse en barco estuvo a punto de caer por la borda, pero le salvó Anders Hansen, quien posteriormente se convertiría en gran amigo y mecenas.
Jacobo Orellana Garrido (en la imagen, a la izquierda, con gafas) fue maestro y, durante una época, director del Colegio Nacional de Sordos. Como se puede ver en las cartas a continuación, se denomina a sí mismo "director accidental" del Colegio Nacional. Estas cartas forman parte del Archivo del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y se pueden ver en este
enlace.

Jacobo nació en Antequera (Málaga) en 1871. Estudio Magisterio y obtuvo una plaza como maestro en Granada a finales del siglo XIX. Después se trasladó a Burgos, Barcelona, y por último a Madrid. Una vez en Madrid alternó su trabajo con el estudio, se especializó en la educación de sordos y ciegos, y comenzó a trabajar en el Colegio Nacional, además de estudiar Pedagogía y Psicología y tras graduarse
recibió una beca de la JAE para ampliar estudios en la Francia y
Bélgica en el curso 1913-1914. Durante esta estancia estuvo estudiando en el Instituto Nacional de Sordomudos de París,
dependiente de la Escuela de Altos Estudios de la Universidad Sorbona, además del laboratorio de fonética y de la palabra. Planeaba pasar el curso 1914-15 en Suiza, pero el proyecto fue interrumpido por el inicio de la Primera Guerra Mundial. Posteriormente en 1924 volvió a ser considerado "pensionado" para asistir a la quincena pedagógica en Bruselas y estudiar cuestiones referentes a la ortofonía y perturbaciones de la palabra, y en 1925 asistió también al Congreso Internacional de Maestros de Sordomudos en Londres, con una beca para dos meses. En estos viajes tuvo la oportunidad de conocer personalmente a Helen Keller y Anne Sullivan. Durante estos años, se
implicó en la renovación pedagógica en España, participando activamente en la Institución Libre de Enseñanza, en el Ateneo y además trajo de Europa los
métodos pedagógicos más innovadores para la educación de sordos y ciegos. En esta época, además, colaboró en la publicación de varios libros sobre la enseñanza a los sordos, elementos de la ortofonía, el desarrollo del niño, el método Decroly y tradujo algunas obras de Decroly.
Al inicio de la Guerra Civil gran parte del alumnado y profesorado del Colegio Nacional está en las colonias en el norte, y en el siguiente curso se pierde más de la mitad del alumnado, que ya no vuelve. A esto hay que añadir que el claustro del Colegio Nacional vive un proceso de depuración republicano, en el cual la mitad del profesorado es cesado, y se traslada la sede a Valencia. Jacobo Orellana se traslada allí, y durante la estancia recibe la noticia de que su sobrino, también maestro, fue fusilado en Granada (es llamativo que después de ser fusilado, en 1942 la Comisión Depuradora del Magisterio Primario propone la separación definitiva del servicio, 5 años después de ser fusilado).
En 1938, Jacobo se exilió en Francia y vivió durante la ocupación alemana en varias ciudades como Pau, París o Toulouse, auxiliando a otros refugiados españoles. En el año 1945 fue condenado en España por el TERMC (Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo) a 20 años y un día de cárcel, que no cumplió por estar fuera del país, primero en Francia y más tarde en Bélgica, viviendo durante muchos años en Bruselas.
En el año 1956, cuando contaba ya con 85 años, logró que se le reconociera la jubilación y se le otorgara una pensión española. Posteriormente, en 1961, tras la muerte del hijo con el que convivía, solicitó regresar a España a través del Consulado español. Para ello tuvo que solicitar el perdón y se le concedió el regreso a España con 90 años. Pudo vivir sus últimos años en España, algunos años en Barcelona, y otros en Madrid, hasta que falleció en 1970 con 99 años.
Como he comentado anteriormente, el Colegio Nacional cerró temporalmente en el año 1932, durante la II República, ya que el gobierno consideró que la sede, entonces sita en el Paseo de la Castellana, era más idónea para otros usos (primero se pensó en una Escuela Normal de Magisterio femenino, pero finalmente pasó a depender del Ministerio de Defensa). El colegio permaneció sin sede e inactivo hasta que se traslada provisionalmente a la calle Granada, donde volverá a funcionar en 1934, y de nuevo sufrirá otro parón durante la Guerra Civil y posguerra. En esta época es director Jacobo Orellana, y probablemente por ello firma la carta mostrada anteriormente como director accidental. Quizá también lo hiciera por el modo en que fue elegido: en marzo de 1933 Jacobo presenta una propuesta de dirección que es aceptada por el tribunal formado por tres miembros del Consejo Nacional de Cultura y presidido por Miguel Unamuno, pero no aceptada por el Ministerio de Instrucción Pública. Sin embargo es nombrado director en septiembre de 1934. Parece que entre estas dos fechas continuó ejerciendo de director de forma provisional, teniendo en cuenta que la carta en la que figura como director accidental es de noviembre de 1933 (y en ella hablan de una posible sede para el colegio).
Durante la Guerra Civil, se cierra el Colegio Nacional y se establece su sede, al igual que a sucede con otras entidades y el gobierno republicano, en Valencia, aunque sin apenas actividad. A partir de 1938, el bando nacional empieza a preparar la actividad ordinaria y el gobierno de Burgos requiere las hojas de servicios al profesorado del Colegio Nacional de Sordos que están en la "España nacional". La Comisión de Depuración al finalizar la guerra civil inhabilitó a cinco maestros del Colegio Nacional, entre ellos a María Luisa Navarro y a Jacobo Orellana. En 1939 el Colegio Nacional sigue sin abrir sus puertas y envía en camiones militares el material que queda del Colegio Nacional al centro educativo La Purísima de Madrid, un centro para niños sordos gestionado por las hermanas franciscanas que sí estaba funcionando. Durante esta época se van acondicionando algunos centros educativos que habían quedado dañados por la Guerra Civil. La reapertura completa del Colegio Nacional no se llevará a cabo hasta 1947, en la calle San Mateo, donde ya había estado funcionando algún tiempo antes de su traslado al Paseo de la Castellana.
La etapa en la que el Colegio Nacional estuvo ubicado en la sede del Paseo de la Castellana, es decir, el primer tercio del siglo XX y en la que los dos profesores Jacobo Orellana y María Luisa Navarro trabajaron en el centro debió de ser una época de gran efervescencia. Es la época en la que se empieza a hablar de la Escuela Nueva y están en funcionamiento la Institución Libre de Enseñanza, la Residencia de Estudiantes, las becas de la Junta de Ampliación de Estudios... Y en esta época el colegio se ubicaba además en el epicentro de esas nuevas ideas y corrientes, ya que estaba enfrente del Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Residencia de Estudiantes, situada en la Colina de los Chopos, junto con la Junta para Ampliación de Estudios.
Si además añadimos que el Colegio Nacional impartía la especialización en Enseñanza para Sordomudos (tal y como se denominaba en aquella época), esto hacía que el profesorado tuviera una alta especialización y actualización, siendo un centro de referencia nacional. Tanto Jacobo Orellana como María Luisa Navarro son ejemplo de esto: estudiaron y se especializaron no sólo en educación de personas sordas, sino de pedagogía y psicología, manejaban con fluidez varios idiomas (ambos han traducido obras de destacados pedagogos y psicólogos) y habían viajado por Europa, gracias a las becas de la Junta de Ampliación de Estudios, especializándose, entrando en contacto con reconocidas figuras de la educación y conociendo el trabajo de distintos centros educativos de personas sordas en Europa. Ambos compartieron experiencias, trabajaron en la misma época y también los dos tuvieron que exiliarse y fueron inhabilitados tras la guerra, por lo que cayeron en el olvido. Desconozco si además de compañeros trabaron amistad, pero lo que está claro es que hay varios paralelismos entre ambos, y el azar ha querido que llegaran a mis manos cartas de ambos y al comenzar a indagar descubrir que no solo fueron coetáneos sino que sus vidas tuvieron muchos puntos en común.
Sirva esta entrada para reconocer y recordar su trabajo, su implicación y su paso por el Colegio Nacional de Sordos.
Para la redacción de esta entrada he consultados varios libros:
- Alcina, A. (2021): Políticas educativas de la enseñanza de personas sordas. España 1800-2000. Aula Magna Mc Graw Hill.
- Orellana C. (2020): Ante el silencio y la oscuridad. ExLibric.
- Gascón, A.; Storch, J. G. (2004): Historia de la educación de los sordos en España. Editorial universitaria Ramón Areces.
- Cotelo-Guerra, M.D, (2010): La JAE y la renovación de la educación de sordomudos: viajes y experiencias de María Luisa Navarro, en Sánchez, J.M. (coord.): 100 JAE la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en su centenario. Actas del II Congreso Internacional, celebrado los días 4, 5 y 6 de febrero de 2008 (pp 706-729). Editorial Residencia de Estudiantes.
- Cotelo-Guerra, M. D. (2021): María Luisa Navarro de Luzuriaga (1885-1948): De la solidaridad con el frente republicano a la solidaridad con los exiliados (pp. 263-278), en Ejido, A.; Eiroa, M et al (2021). Mujeres en el exilio republicano de 1939. Homenaje a Josefina Cuesta. Catálogo de publicaciones de la Administración General del Estado.